En ¡Todos a la calle!
, Michael Moore, autor de películas documentales tan populares como Farenheit 9/11 y Bowling for Columbine, escribe lo siguiente, en un capítulo dedicado a Hillary Clinton:
Si es necesario, compadezcamos a los pobres hombrecillos asustados que, con sus penes temblorosos, se afanan por sentirse unos centímetros mejor poniendo a Hillary en su sitio. ¿Cómo debe de ser tener un problema con la polla? No me refiero a quienes, como yo, poseen una excusa médica legítima. Me refiero a todos esos pobres mamones —los William Bennett, los John McLaughlin, los Rush Limbaugh— que se ponen automáticamente fláccidos ante la idea de una mujer fuerte. ¿Acaso la imagen de la Mujer Fuerte —¡de «la Hillary» en persona!— se les aparece sin avisar en la cabeza, echa a perder el Gran Momento y hace que esa persona especial que los acompaña en la cama grite «¡ÁRBOL VAAAAA!» mientras sale arrastrándose de debajo de su viscosa carcasa republicana?


